Rentrée, movilidad y COVID-19

EL FAR, 25 de setembre de 2020

en calidad de vicepresidente de Movilidad, Transporte y Sostenibilidad del Área Metropolitana de Barcelona (AMB)

La COVID-19 nos ha trastocado en todos los ámbitos. Aparte de pa­ralizar temporalmente el mundo y generar una grave crisis sanitaria, social y económica, ha supuesto un punto de inflexión y un cambio obligado de hábitos.

Una situación extraordinaria que ha requerido de medidas extraordinarias. También en la movilidad y el transporte público de la metrópolis de Barcelona, un ámbito que ya estaba en pleno proceso de transformación por la emergencia climática.

Desde el decreto del Estado de Alarma, en el AMB hemos trabajado, de forma coordinada con el resto de admi­nistraciones y operadores de transporte, para hacer frente común a este enemigo invisible y lograr un objetivo claro: proteger a los usuarios, a nuestro personal (chóferes, trabajadores, etc.) y, en ge­neral, a toda la ciudadanía.

Ahora, en la rentrée de septiembre, con la vuelta a los colegios y al trabajo, el transporte público metropolitano, como son el Bus Metropolitano y el Metro, tiene en servicio toda la flota existente. También hemos reforzado aquellas líneas más congestionadas en las horas punta, para facilitar la distribución de los pasajeros.

Las medidas de higienización y limpieza y la colocación de mamparas, de las que fuimos pioneros, han sido dos factores esenciales para ofrecer un transporte público seguro. Estas decisiones han facilitado a nuestros operadores obtener la correspondiente certificación que avala el cumplimiento de sus protocolos de actuación ante la COVID-19.

Pero solos no lo lograremos. Es im­prescindible que los usuarios recuerden el uso permanente y correcto de la masca­rilla y la higiene de manos. También seguimos necesitando que usuarios y empresas nos ayuden a evitar la generación de horas punta en el transporte público. La flexibilización del horario de la actividad laboral y de la enseñanza y el teletrabajo son claves.

Por otra parte, la COVID-19 nos ha confirmado la estrecha relación entre movilidad y contaminación. El descenso de la movilidad durante el período de confinamiento supuso una mejora indiscutible de la calidad del aire, llegando a los mínimos históricos de los niveles de dióxido de nitrógeno y de partículas.

Ahora, la lenta recuperación del transporte público, actualmente con un 65% de demanda previa a la COVID-19, la recuperación de la movilidad del vehículo privado, que ya ha alcanzado un 90% de la demanda anterior a la pandemia, y el aumento del comercio electrónico, pueden ocasionar un fuerte incremento de la contaminación. No podemos permitirlo. Hay que avanzar hacia opciones más sostenibles y proteger la salud de nuestros conciudadanos.